Un blog de Conchi Piñeiro, socia de Altekio, en colaboración con Raúl Rodríguez y Ro Trejo
Tras preguntarnos cómo vivimos la incertidumbre climática y qué emociones emergen en la acción individual y colectiva, cerramos el ciclo de foros abiertos sobre el cambio climático en La Casa Encendida poniendo el foco en una pregunta incómoda y necesaria: ¿cómo se encarnan las desigualdades en la emergencia climática? En este tercer encuentro exploramos los duelos ecosociales, los privilegios, las pérdidas visibles e invisibles y las estrategias para sostenernos en medio de la crisis, abriendo un espacio donde la música, el silencio, la palabra y el cuidado colectivo nos ayudaron a mirar de frente lo que duele… y también lo que todavía podemos transformar juntas.
Crónica del tercer foro celebrado en La Casa Encendida
El pasado 29 de octubre celebramos en La Casa Encendida de Madrid el tercer y último foro del año de nuestro ciclo sobre cuidados, vínculos y crisis ecosocial. La fecha coincidía con el aniversario de lo ocurrido en la DANA del 29 de octubre de 2024. Un recuerdo que estuvo presente durante toda la sesión, tanto por el respeto a las víctimas y sus personas cercanas como en forma de recordatorio del impacto humano y emocional de la crisis climática y de la urgencia de estos diálogos.
Una entrada distinta: música, pintura y un papel en blanco
En este último Foro incorporamos “una puerta de entrada” diferente, para abrir otras formas de expresión. Presentamos esta puerta, colocamos una mesa con pinturas y un gran papel en blanco, invitando a las personas participantes a expresarse sin palabras, a dejar que las emociones y sensaciones encuentren otros caminos de expresión.
La apertura simbólica se completó con la canción “El río no tiene la culpa”, de Alejandro y María Laura, que nos permitió abrir de otra forma el Foro Abierto. La música actuó como un puente emocional que acompañó al grupo a situarse colectivamente.
¿Cómo vivimos las desigualdades en la crisis ecosocial?
Empezamos a explorar el tema desde las cuatro puertas:
- Duelos/pérdidas.
- Aperturas/oportunidades.
- Desigualdades y privilegios
- Por último, una puerta abierta dónde poder expresar aquellas cosas que no están en las anteriores.
En este recorrido aparecieron los duelos ecosociales: lo que estamos perdiendo como sociedad, pero también lo que cada persona siente que se ha ido en su vida íntima. Se habló de las olas de calor que vivimos en los últimos años y de cómo estas condicionan nuestras vidas. Mencionamos pérdidas visibles e invisibles: estabilidad, horizontes de futuro, referentes, especies, territorios, paisajes, vínculos comunitarios, incluso partes de la identidad que parecen desdibujarse ante un mundo que cambia demasiado rápido.
A la vez, surgió con fuerza el duelo por lo posible: el dolor por lo que no fue, lo que se frustró, lo que nunca llegará a existir.
Reconocer las pérdidas y las desigualdades
Uno de los momentos más significativos fue reconocer que no todas las personas viven las pérdidas del mismo modo. Algunas compartieron duelos muy concretos y presentes en su día a día; otras hablaron de cómo, desde ciertos privilegios, es posible no ver o no dimensionar el impacto real que la crisis tiene sobre comunidades más vulnerabilizadas.
Este reconocimiento no se vivió desde la culpa, sino desde la responsabilidad y el cuidado. Hablamos de cómo nombrar el privilegio puede abrir espacios de empatía, escucha y acción compartida, especialmente si se hace desde un lugar que busca comprender y acompañar.
Estrategias para sostenernos
La conversación derivó orgánicamente hacia la necesidad de herramientas y estrategias para sostenerse en un contexto tan cargado de incertidumbre y de alta emocionalidad. Surgieron propuestas colectivas y personales que tenían que ver con:
- Cómo conversar con personas que piensan diferente, especialmente dentro de nuestras familias.
- Cómo sostenernos emocionalmente ante la incertidumbre.
- Cómo regularnos cuando aparecen el miedo, la frustración o la tristeza.
- Cómo pedir ayuda sin sentir que estamos fallando.
Otra pregunta clave fue cómo canalizar la energía que nace de la ira o de la sensación de injusticia. La respuesta colectiva fue clara: visibilizar el dolor, crear espacios donde las culturas y lenguas tengan lugar, y sostener procesos que eviten que más voces sean silenciadas.
Una reflexión especialmente potente fue la necesidad de hacer el duelo por la pérdida de la esperanza. Aceptar lo que está pasando no significa resignarse, sino dejar de pelear contra la realidad para poder transformarla.
Varias personas compartieron que, incluso sin la esperanza “clásica”, siguen actuando porque “lo que queda merece la pena”. Esta frase resonó como una especie de brújula colectiva: un recordatorio de que la acción sigue siendo posible y valiosa, aunque el horizonte sea incierto.
Del granito al granote
Hacia el final del foro apareció una imagen que dio cierre al encuentro: pasar del “granito” al “granote”. Es decir, reconocer que la contribución individual, a veces pequeña, a veces enorme, toma otra dimensión cuando se suma a un esfuerzo colectivo y se convierte en tejido común
Recordamos que la crisis climática no se vive igual cuando se vive acompañada. Construir comunidad también implica aprender a convivir con quienes piensan distinto, sostener la incomodidad y seguir el tejido incluso cuando no estamos de acuerdo en todo.
El foro terminó con la sensación de que habíamos tejido algo valioso: un espacio donde caben el duelo, la vulnerabilidad, la acción y una esperanza realista. No una esperanza ingenua, sino aquella que reconoce las dificultades y aun así elige cuidar, actuar y permanecer.
Un espacio donde, juntas, seguimos buscando cómo transformar lo que todavía puede transformarse.